jueves, 7 de enero de 2016

Tengo, tengo, tengo . . .

Tengo una caja llena de vida, 
tengo una caja llena de sueños.

Tengo, tengo, tengo. Tengo una caja en la que (últimamente amontono más que) guardo montones de planos, folletos, entradas, billetes, tarjetas de embarque, facturas de hoteles, en fin todo aquello que me traigo cuando viajo. También guardo en ella folletos de informaciones varias sobre actividades o lugares que me gustaría visitar. 



He ido a guardar los papelillos de mis últimas salidas y he llegado a varias felices conclusiones:

1ª. Necesito dos cajas. Primero, porque no me cabe más y segundo porque tengo que separar lo vivido de lo por vivir. Es más la de los sueños debería de organizarla por categorías o por destinos o por urgencias . . . No sé, me lo voy a pensar.

2ª. ¡Cómo me gusta el balance de mi vida de los últimos años! Lo digo entre risas a veces, pero no es broma: He salido más en los últimos cuatro años que en los cinco anteriores, y si me apuras,  que en los veinticinco anteriores. 

3ª. Adoro viajar, y pensar, planear o recordar me hace casi tan feliz como el viaje en sí. 

4ª. Me encanta viajar acompañada. Pero desde que me lancé a la aventura de viajar sola he descubierto otra manera de disfrutar que me engancha muchísimo. Pero sobre esto hablaré otro día . . .

5ª. Soy una mujer fácil de complacer (en casi todo). Lo mismo me emociona el románico, que las cigüeñuelas en las salinas al atardecer, o las brumas entre altas montañas, o dejarme guiar por el olfato y almorzar en "O trevo" rodeada de lisboetas en su hora del almuerzo. Deambular libre, con o sin cámara, eligiendo en cada esquina por donde continuar, con quien hablar o simplemente sentarme a descansar y observar la vida a mi alrededor. 

Y por último:

6ª. Necesito un par de vidas más para que me de tiempo a ordenar y leerme todos mis papeles, hacer todos los viajes que deseo y procesar las miles de fotos pendientes . . . 

Pero mientras tanto, un sólo objetivo: Dejar que la vida me siga enamorando y vivirla con ilusión. ¿Os apuntáis?


martes, 22 de diciembre de 2015

Micro relatos 7. Querer es cuidar

Querer es cuidar



Ellas no lo entendían, nacieron después. Su mundo se confeccionó con otros patrones, se tejió con otros hilos. Su educación fue diferente, y eso marcó toda su vida. 

Ahora había llegado su momento, encontró la manera de modificar su esencia sin renunciar a ella. La habían criado para cuidar, atender y amar a los seres queridos, Y a eso iba a dedicar el resto de su vida, a cuidar a su ser más querido y a la vez más desatendido: 
ELLA MISMA



viernes, 18 de diciembre de 2015

Cuando el inconsciente de mi subconsciente . . .

. . . decide ir por libre



El inconsciente de mi subconsciente de vez en cuando decide ir por libre y entonces yo poco tengo que hacer.

Son esos momentos en los que mis pensamientos se oyen; esas veces que escribes (entre paréntesis) para no pronunciar en voz alta lo que te brota de muy dentro.

Cuando mi genio, aletargado, hace un amago de salir y dispararse.

Es entonces cuando digo algunas cosas y callo otras.

El problema es decidir si digo o si callo.

Digo cuando aún me importas. Callo cuando ya ni eso . . . 

Por eso los silencios son tan peligrosos, a veces...

miércoles, 21 de octubre de 2015

MiniRelatos 1 - Colgar las botas

El peregrino que colgó sus botas


Caminaba, no tanto por ir como por no quedarse . . .


Un pie y después otro, una nueva senda, un camino desconocido, una carretera solitaria, todos se convertían en escenarios de su soledad, mientras la paseaba por el mundo.


Ocasionalmente entablaba conversación, o más bien, se dejaba hablar por otros caminantes, personas que le ofrecían compartir sus viandas, sus pasos o sus soledades, pero todo era efímero, todo le venía grande.

No sabía que buscaba, si es que buscaba algo, sólo, que una fuerza irrefrenable le obligaba a continuar caminando.



Un buen día se encontró en una senda célebre y decidió seguirla. Caminó durante días. 



Una mañana, apareció en su horizonte una hermosa ciudad entre montañas. Ya desde la distancia se apreciaba una sólida puerta que invitaba a entrar.

Un pequeño banco adosado a la pared incitaba al descanso. Alguien había tenido la misma idea y con los pies descalzos, las botas cuidadosamente apartadas a un lado jugueteaba con los dedos en la fría piedra. Pensó en pasar de largo pero entonces oyó una voz alegre que decía:

 - ¿Te hago un sitio? Tienes cara de venir cansado. 

No quiso ser descortés y tomó asiento. 

Intercambiaron sus miradas, compartieron sus nombres, respiraron el mismo aire tibio, se volvieron a calzar, caminaron juntos hasta el río, y buscaron alojamiento.


A la mañana siguiente, pusieron un clavo en la pared y colgaron sus botas. De repente,  ya no tenía sentido caminar, habían llegado.


Saint Jean Pied de Port es una bellísima ciudad en el Camino de Santiago en territorio francés, la última antes de cruzar los Pirineos hasta llegar a Roncesvalles. Está impregnada de la esencia de todos los peregrinos que han pasado por allí en los últimos 10 siglos. Cada piedra, cada rincón, sugieren mil historias hermosas, yo he intentado dar forma a una, y espero que os guste. 
Siempre que voy a lugares por los que pasa el Camino siento una emoción especial, ¿Será que me trae recuerdos? ¿Será que me acerca a otras personas? ¿Será que me llama? ¡Qué será, Será!

lunes, 24 de agosto de 2015

500 palabras. Mi mejor viaje de verano (Full version)

Mi mejor viaje de verano 

¿realidad, ficción, sueño?


Un último vistazo: maletas, bolso de mano y, obviamente, mi equipo fotográfico. Todo listo. Cojo las llaves, me despido de mi casa y cierro con dos vueltas, una por cada mes que tardaré en regresar.

No es un viaje de verano. El verano es un concepto relativo, depende de dónde y de cuando. Es mucho más, es el sueño eternamente aplazado. Es el viaje de mi vida, que llega en el otoño de la misma.



Siete años tenía cuando en aquella tele única y con cartas de ajuste me asomé por primera vez a esos paisajes imposibles, mezcla de desiertos y manglares, a esa fauna increíble para mis ojos de niña: cocodrilos, koalas, emús, y el exótico ornitorrinco de mi álbum de cromos. Skyppy fue mi guia por aquellos parajes donde, desde entonces, habitan mis sueños. Nada hay en mi vida que lleve más de 40 años haciendo ininterrumpidamente, salvo lo vital y soñar con ir a Australia.

En reuniones de amigos, en cuadernos íntimos, en blogs, en conversaciones públicas y privadas, hasta en la tele, he manifestado por activa y por pasiva mi voluntad de viajar a Australia.

La vida, esa misma vida que ha alimentado mis sueños, se ha encargado de apartarme de ellos. Pequeñas fruslerías como trabajar, casarme, tener hijos, criarlos y educarlos, rehacer mi vida tras los cambios, falta de tiempo, falta de dinero y todo a mi alrededor diciendo a veces a voces y a veces con gritos sordos: "No morena, aún no, aún no ha llegado el momento". Pero nunca desistí.

Si algo tiene la vida, es que es capaz de sorprendernos, siempre. A veces de forma pausada, a veces de forma repentina, aunque su estilo favorito es a trompicones. Cuando crees que las aguas de tu vida fluyen regularmente siguiendo su curso, un desnivel, un viento exagerado, un recodo en tu camino y te precipitas en la vorágine, y eso fue exactamente lo que me permitió preparar mis maletas.

Un día salgo "de pájaros", como tantos otros. Participo regularmente en actividades de anillamiento de aves, me conectan con la naturaleza y con otras personas. Siempre acompañada de mi cámara, aprendo fotografía y ornitología al mismo tiempo. Se ha convertido en algo muy importante en mi vida actual. Pero ese día, sin avisar, la suerte se asomó a mi vida y decidió hacerme un regalo.

Ese ejemplar extraño que cayó en nuestras redes, ¡Cuánto disfruté! Observando y fotografiando esa mirada intensa, esas suaves plumas, esos colores tornasolados . . .


Descargué mis fotos, procesé alguna y se las mostré a un par de amigos. Alguien me habló del concurso que una prestigiosa entidad internacional promocionaba, me animaron a participar.

"Soy una fotógrafa amateur, no tengo nada que hacer frente a tanto profesional" - me decía a mi misma. "Pero de los cobardes no se ha escrito nada, morena". Presenté mi foto.

Y aquí estoy, con las maletas en la puerta. El premio es un viaje a Australia, 55 días fotografiando su fauna, mientras recorro todo el país. He ganado.

jueves, 20 de agosto de 2015

Anillando, anillando...

¿Anillar aves? ¿Para qué?



Hace algo más de tres años empecé a participar en actividades relacionadas con las aves del Ayuntamiento de Madrid. En las últimas semanas he acudido a varias Jornadas de anillamiento con el grupo Álula y de ellas han venido un aluvión de fotos de aves a mi disco duro y una selección de ellas forma parte de mi cuenta en Flickr (mariandiazram) y en el álbum Guadalix de Facebook.

Al hilo de estas publicaciones, muchos de los que me seguís, de una u otra manera, habéis manifestado interés, reservas, dudas u otras cuestiones relacionadas con la actividad, o un simple "pobrecitos". Por eso, he decidido preparar esta entrada del blog en la que intentar aclarar como se realizan las actividades de anillamiento, cual es su utilidad y que tipo de beneficios se obtienen de las mismas . 

Según cuentan en el propio blog de Álula:

El anillamiento de aves es una herramienta para su estudio, mediante su captura incruenta y posterior suelta. Durante el manejo de éstas se toman una serie de datos, referentes a la edad y el sexo, medidas, peso, estado físico del ave, etc. Todo ésto sirve para un mejor conocimiento de las especies y por consiguiente se obtienen los fundamentos necesarios para su protección. La labor del anillamiento científico sólo puede ser realizada por personas suficientemente cualificadas y autorizadas legalmente.


Obtener información sobre las aves y sus hábitats, es una herramienta imprescindible a la hora de plantear políticas de conservación y/o recuperación.

Y ahora veamos como transcurre una jornada de anillamiento:

El primer dato, es que se empieza pronto, muy pronto. El equipo coloca las redes (redes japonesas de entre 12 y 18 metros de largo) cuando todavía no ha amanecido en ubicaciones apropiadas para el paso de las aves, riachuelos, charcas, zonas de paso, zarzas, espacios que recojan de forma habitual el paso frecuente de aves.



A lo largo de la mañana se realizaran visitas periódicas a las redes, para recuperar los ejemplares capturados. Los anilladores serán los que con toda delicadeza, desenredarán redes y plumas hasta liberar al individuo, que será introducido en una bolsa de tela opaca individual. 



Terminada la revisión de todas las redes, se regresa al espacio de trabajo en el que se procederá a realizar  todos los controles pertinentes:




Lo primero es determinar a que especie pertenece. Se utiliza la denominación latina (universal) y de forma abreviada se registra en las hojas de control. 

Si el ejemplar ya estuviera anillado se anota el registro que figura en la anilla. Si no lo está, se procede al anillamiento del mismo. Las anillas, de distintos diámetros en función del tamaño del ave, son cuidadosamente colocadas alrededor de la pata del ave con unos alicates especiales.



Es el momento de hacer una valoración general del estado del ave, soplando suavemente, su abdomen se verá si tiene placa incubatriz, la grasa acumulada,  si es posible determinar su sexo (no siempre se puede a simple vista y desde luego en los "juveniles" casi nunca). Se hace una valoración de su edad en función del estado de las plumas (como están de desgastadas las plumas y como lleva "las mudas" nos permite saber si es un pájaro de este año o de años anteriores)





Después se procede a tomar una serie de medidas: las alas, alguna pluma en concreto (F8), el pico en ocasiones. Reglas especiales y un calibre son las herramientas utilizadas en este punto. Por último se procede a pesar al ave, en una pequeña báscula digital.



Cuando se han anotado todos esos parámetros en las hojas de control se procede a la suelta del pajarillo que retorna alegremente a su entorno natural. 


Bueno, a veces, nos lo quedamos un ratillo más y los hacemos posar cual modelos en un photocall para luego poder enseñároslos a los que no habéis tenido la dicha de compartir la experiencia con nosotros . . .



Después de varias visitas a las redes a lo largo de la mañana, se da por concluida nuestra jornada de anillamiento. Se recogen las redes, se recoge el campamento de trabajo, y nos vamos por donde hemos venido, dejando todo como si no hubiéramos estado allí. 






Eso si, los anilladores se llevan una hoja de control repleta de datos que luego incorporarán en las oportunas bases de datos.


Y bueno, poco más, sólo contaros que la experiencia personal de participar en este tipo de actividades, es algo irrepetible, que modifica tu manera de ver y escuchar el mundo y que si no os habéis aproximado aún al mundo de la ornitología, ¿Qué estáis esperando?

Estos son algunos de los miembros de Álula, así como un nutrido grupo de amigos y seguidores que participan regularmente en sus actividades. Gracias a todos porque no sólo respiramos aire fresco, nos traemos los pulmones llenos de buen humor y sabiduría, es lo que tiene tan estupendo ambiente. 


Y especialmente gracias a ti, Alfredo Ortega, sin ti, no estaría escribiendo esto aquí y ahora.

Si os han quedado ganas de más, podéis consultar los enlaces que he ido incluyendo a lo largo del texto. Y si aún queréis más, los que os incorporo a continuación:




jueves, 13 de agosto de 2015

Recordando, recordando: Cantantes italianos

Benditos recuerdos


Hoy en la oficina repasaba un listado, tedioso por definición. La ventaja de esos trabajos más o menos rutinarios es que te permiten desarrollarlos acompañada de música, pues no precisan un nivel de atención muy alto.  Así que pertrechada de mi anárquico mp3, me he dispuesto a animarme la tarea.

Cosas del azar, ha comenzado a sonar una carpeta que oigo con poca frecuencia, la de Sergio Dalma con las canciones de sus "Via Dalma". Si, todas esas canciones italianas que pusieron la banda sonora a mi adolescencia y juventud: Umberto Tozzi, Claudio Baglioni, Sandro Giacobbe, Richard Cocciante, Fausto Leali, y otros muchos cuyos nombres no recuerdo, porque en España fueron éxito con una única canción (One hit wonder).

Como escuchar "Sábado por la tarde" sin acordarme de mi amiga Pilar. Cuantas canciones nos aprendimos juntas mientras usábamos a hurtadillas la máquina de coser de mi madre, o en aquellas eternas conversaciones a través de la ventana del patio (el messenger, whatsapp y las tarifas planas de teléfono no existían ni siquiera en sueños). 

A golpe de pedal en Mallorca

Sábados por la tarde de bailar en Ideal, al ritmo de "Gloria" con las amigas o alguna lenta con algún amigo, mientras esperabas pacientemente que el siguiente en sacarte a bailar fuera aquel en cuyos brazos preferías girar entre las tenues luces de la pista "Yo caminaré". Si chicos y chicas, en mi época se bailaba lento, y molaba mucho . . .


Y de repente empieza "El Jardín Prohibido", y mi memoria hace otro salto con tirabuzón y me coloca en otro escenario. Esta vez aún era más jovencita, estoy en Berlanga de Duero.

Castillo de Berlanga de Duero (Soria)
Somos tan jóvenes que a nosotros no nos dejan entrar en "La Pista" que es el sitio donde bailan los que tienen la suficiente edad, porque Faustino es muy estricto con esas cosas de la edad. Eso sí, como es un espacio abierto la música llega perfectamente a unas pistas de cemento que hay justo delante y que es donde bailamos los más jóvenes. Lo de "bailar pegados" lo cantó muchos años después Sergio Dalma, pero lo inventaron otros antes que él . . . Recuerdo perfectamente terminar de bailar esta canción con un tal Mere, con dolor de brazos de hacer palanca intentando mantener una mínima distancia que me permitiera respirar y otras fruslerías . . . 

La fachada del antiguo palacio era el soporte de la pista

Verano del 78
Cuanto ha cambiado el mundo en pocos años, muchas cosas para bien, pero de otras no estoy tan segura, la ingenuidad con la que vivíamos nuestros primeros bailes, nuestros primeros escarceos amorosos, esas manos que se escurrían timidamente cintura abajo mientras bailábamos "agarrao" y tú encargándote de devolverla a tu cintura, que era donde debía estar. Un paseo hacia la Dehesa, a la luz de la luna, de la mano del chico que te gustaba, y a veces hasta tu primer beso, tímido, atropellado e inseguro. No eramos mojigatas, sencillamente nos habían educado de otra manera. 

Bajando del castillo: Vista general con La Colegiata al fondo

Ahora hemos salido del cascarón, por voluntad, por necesidad o porque la vida nos ha arrastrado, pero recordar esos años nos caldea el corazón y dibuja una sonrisa en nuestro rostro. ¡Que nos quiten lo bailao! y si es al ritmo de los cantantes italianos de los 70, mejor que mejor, a fin de cuentas "De amor ya no se muere" . . .

El banco en la puerta mira justamente a la ahora pavimentada plaza del Mercado,
¿Qué vemos cuando miramos hacia allí mi tío y yo? Seguro que diferentes cosas...