Mostrando entradas con la etiqueta ilusión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ilusión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de enero de 2018

YoYos, esos muñecos solidarios (Proyecto 2018)

YoYos

Mis amigas ganchilleras siguen dándole a la aguja. ¿Os acordáis de los Lucas del año pasado? Pues este año tienen otro proyecto en marcha, del que podéis recabar información, como siempre, a través de la cuenta de Instagram @nytosca.

Ya os conté cuando hablamos de los superpoderes de las mamás, que el mío no es tejer. Por ello procuro colaborar con lo que está a mi alcance, que en mi caso, es escribir cuentos. Cuentos que acompañaran a los "YoYos" cuando sean donados al "Aula Escolar del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid". 

En la ocasión anterior no quise desvelar mi cuento hasta acabada la campaña, pero ahora he pensado que si puedo mover a alguien más a colaborar, merecerá la pena desvelar mi pequeña historia.

Hoy he visto una foto de una colaboradora del proyecto, y me ha enamorado. Ha sido la inspiración que estaba esperando y en un periquete lo he hilado, mostrado y obtenido autorización de la dueña para mostraros la estupenda foto que nos presenta a sus maravillosos YoYos. Gracias a @las_agujas_de_manoly por su generosidad. 

Mi casa tiene un patio.
Mi patio tiene árboles.
Mis árboles dan naranjas.
Mis árboles dan limones.

Ahora estoy viviendo aquí,
en el “Hospi”.

A veces juego con otros niños,
a veces leo, a veces pinto.
Cuando pinto, pinto mis árboles
y se los enseño a los otros niños.

Hoy una mamá ha venido a verme,
y me ha traído dos muñecos.
Uno es como mis naranjas.
El otro como mis limones.

Ahora en el “hospi”
Tengo mis naranjas
Tengo mis limones
Casi, hasta huele a mi casa . . .

Pronto mis muñecos y yo
iremos a casa , al patio
y nos sentaremos
a la sombra de mis árboles
los que dan naranjas
y los que dan limones.


jueves, 7 de enero de 2016

Tengo, tengo, tengo . . .

Tengo una caja llena de vida, 
tengo una caja llena de sueños.

Tengo, tengo, tengo. Tengo una caja en la que (últimamente amontono más que) guardo montones de planos, folletos, entradas, billetes, tarjetas de embarque, facturas de hoteles, en fin todo aquello que me traigo cuando viajo. También guardo en ella folletos de informaciones varias sobre actividades o lugares que me gustaría visitar. 



He ido a guardar los papelillos de mis últimas salidas y he llegado a varias felices conclusiones:

1ª. Necesito dos cajas. Primero, porque no me cabe más y segundo porque tengo que separar lo vivido de lo por vivir. Es más la de los sueños debería de organizarla por categorías o por destinos o por urgencias . . . No sé, me lo voy a pensar.

2ª. ¡Cómo me gusta el balance de mi vida de los últimos años! Lo digo entre risas a veces, pero no es broma: He salido más en los últimos cuatro años que en los cinco anteriores, y si me apuras,  que en los veinticinco anteriores. 

3ª. Adoro viajar, y pensar, planear o recordar me hace casi tan feliz como el viaje en sí. 

4ª. Me encanta viajar acompañada. Pero desde que me lancé a la aventura de viajar sola he descubierto otra manera de disfrutar que me engancha muchísimo. Pero sobre esto hablaré otro día . . .

5ª. Soy una mujer fácil de complacer (en casi todo). Lo mismo me emociona el románico, que las cigüeñuelas en las salinas al atardecer, o las brumas entre altas montañas, o dejarme guiar por el olfato y almorzar en "O trevo" rodeada de lisboetas en su hora del almuerzo. Deambular libre, con o sin cámara, eligiendo en cada esquina por donde continuar, con quien hablar o simplemente sentarme a descansar y observar la vida a mi alrededor. 

Y por último:

6ª. Necesito un par de vidas más para que me de tiempo a ordenar y leerme todos mis papeles, hacer todos los viajes que deseo y procesar las miles de fotos pendientes . . . 

Pero mientras tanto, un sólo objetivo: Dejar que la vida me siga enamorando y vivirla con ilusión. ¿Os apuntáis?


miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre mi presunto mal genio...

Dicen que tengo mal genio, pero no es verdad, sólo tengo genio . . . son los demás los que se encargan de ponérmelo malo . . . o estupendo . . .


Es verdad tengo genio, lo confieso, pero no me avergüenzo ni un poquito.

Soy una persona con carácter, con temperamento, con voluntad, con fuerza, con energía, con entereza, con garra (que diría aquél) y con un diccionario de sinónimos, por si os queda alguna duda. 

Claro que tengo genio . . .

Es él,  el que me mantiene viva, pero que muy viva. 

Es él, el que me ayudó a encontrar la luz al final del túnel.

Es él,  el que me ayuda a sortear los obstáculos del camino.

Es él, el que me permite afrontar con ilusión cada nuevo proyecto.

Es él,  el que me inspira a compartir mis reflexiones.

Es él,  el que me ayuda a levantarme cuando pierdo fuelle.

Es él, el que no me falla nunca, y siempre está dispuesto a tirar de mi.

Es él,  el que siempre me acompaña en los buenos y en los malos momentos, disfrutando de mi sonrisa o enjugando mis lágrimas.

Llevamos juntos toda la vida (dice mi madre que desde chiquitita). ¿Por qué voy a renunciar a un compañero abnegado y fiel que siempre está de mi parte? ¿Porque de vez en cuando se irrita cuando el comportamiento de alguien no está a la altura de lo esperado? ¿Porque tolera mal (como yo) las decepciones? ¿Porque cuando se altera en extremo hace que perdamos la compostura? 

Pues bueno, es el precio que tengo que pagar porque siga estando siempre conmigo, y lo pago con gusto . . .  Como ya dije en su momento:



De todas maneras, tampoco hay que asustarse . . . no es para tanto . . . ¿ó si?

martes, 4 de diciembre de 2012

Mi cuento de Navidad

Érase una vez . . . la Navidad . . .


Érase una vez, una princesa que refugiada en su palacio escribía y escribía en un blog frases propias (y a veces ajenas) sobre su manera de ver el mundo. A veces, la princesa tenía clarísimo, sobre qué hablar, pero otras veces, se le amontonaban ideas dispersas y no terminaba de decidirse por ninguna. Una tarde, que andaba entre esas disquisiciones, de repente, apareció la inspiración:

La princesa Macu, está triste ¿que tendrá la princesa?  Anda triste por los rincones, sintiendo en su corazón la añoranza de los seres queridos y sintiendo que diciembre es un mes triste y que las fechas que se avecinan también lo son, cuando hay ausencias . . . 

Y esa fue la inspiración de la princesa . . .



Ya estamos en diciembre, tenemos luces en las calles, anuncios en la tele, y esa extraña sensación, que a todos nos asalta en estas fechas, de prisas, regalos, cenas, y todo como el conejo de Alicia, sintiendo que no llegaremos a tiempo . . .

A lo largo de los años he conocido personas que viven éstas fechas de muy distintas maneras desde los que adoran la Navidad hasta los que la aborrecen, y desde el más profundo respeto a los motivos de cada cual, me gustaría hacer mi pequeña defensa de éste mes, sin duda, especial.

Creo que el problema no es el mes, ni lo que se celebra, ni lo que significa para algunos. Creo, sinceramente, que el problema es nuestra actitud al respecto, y aquí van mis argumentos para intentar convenceros: Vuestro mes de diciembre puede ser tan especial como vosotros queráis hacerlo.

No es obligatorio sentirse feliz, al menos no más que en enero, febrero, marzo, etc. Hay que poner la misma dedicación que cualquier otro mes, o sea, TODA, debemos procurar ser felices todos los meses, y en diciembre . . . también.

No es obligatorio que hagas largas colas para ver los nacimientos más vistosos y renombrados. En cada parroquia, en cada tienda de manualidades, en cada barrio encontrarás pequeñas obras de arte de las que podrás disfrutar. Y si no te gustan ni por lo religioso, ni por lo artístico, sencillamente no vayas a verlos, no pasan lista . . .

No es obligatorio cantar villancicos, ni tocar la zambomba ni la pandereta, pero si estás en el ambiente adecuado, no dudes que terminarás por rematar al menos con el fun, fun, fun . . . disfruta de la compañía . . .

No es obligatorio ir a tropecientas cenas de empresa, de compañeros de deportes,  de clase, o  de cualquier otra agrupación humana de la que os sintáis parte, pero si podéis rodearos de personas con las que compartís algo, alrededor de una mesa, y celebrar que habéis pasado otro año juntos, (aunque sea de pinchos y de pie), hacedlo, sentir el calor de otras personas y sentir que uno es parte de algo, es siempre gratificante.

No es obligatorio comer turrón, mazapán, peladillas o polvorones, ni hace falta decir Pamplona. Y eso que ahora, hay dulces para todos los gustos, y aptos para todos los públicos: diabéticos, celíacos, alérgicos, etc. 

No es obligatorio ser generoso, o al menos, no más que en enero, febrero, etc., (como en el apartado primero), pero echar una mano a alguien que lo necesite, siempre te puede hacer sentir bien, en cualquier mes, y en diciembre, también.


No es obligatorio mandar tarjetas de Navidad. Pero con toda la tecnología a nuestra disposición: SMS, llamadas, email, correo tradicional, cada  uno puede elegir  que sistema prefiere, para decirle a las personas de su vida, que son importantes, y que viven en ese rinconcito de su corazón . . .


No es obligatorio disfrutar de las fiestas como cuando éramos niños, a fin de cuentas ya no lo somos. Lo que si es obligatorio, es ayudar a que los que son niños hoy (hijos, sobrinos, vecinos, etc.), puedan disfrutar éstas fiestas con la ilusión que se merecen, y así cuando llegue el día,  sean capaces de transmitirla a los que vengan detrás ¿o es que no recordáis la emoción de preparar el dulce para los Reyes y el agua para los camellos, y la marca de tiza en el alfeizar? Cada uno lo habréis vivido de diferente manera,  pues en cada casa y en cada pueblo, existen costumbres distintas, pero el denominador común para todos, era la ilusión, ¡que nervios al despertar!. . . y eso aunque los Reyes te trajeran un jersey o ropa interior nueva . . .


No es obligatorio pasar unas Navidades tradicionales, si no te sientes parte de ninguno de los ambientes que estén a tu alrededor, busca el tuyo. Hay montones de asociaciones de voluntarios en la que podrás echar una mano, y seguramente, que ayudando a otros,  que se encuentran en peor situación que tú, conseguirás ver las cosas de otra manera . . . 

Y por último, es lícito echar de menos a los que no están con nosotros, por uno u otro motivo. Afortunados de nosotros que en algún momento disfrutamos de su amor y de su compañía y por eso, hoy, los añoramos.  No todo el mundo tiene ese privilegio.