El desconcierto
No se me da mal lidiar con los sentimientos, con los propios y con los ajenos, expresarlos es algo más difícil pero en ello estamos . . .
Si no fuera porque el concepto de "empatía" ya me resulta un poco manido, diría que es algo que tiendo a sentir, y cuando no, lo suplo con mi absoluto respeto por cosas en las que no creo, pero entiendo que para otros sean importantes, tampoco como pimientos fritos, pero entiendo que a otros les vuelvan locos.
No obstante hay dos o tres emociones que no gestiono bien.
Una de las emociones que gestiono mal es la decepción, ya hablé de ello hace tiempo:
Otra de las cosas que gestiono mal es el sentimiento que me generan los integristas. No soporto el integrismo, de cualquier tipo, no aguanto a los proselitistas que se pasan la vida barriendo para casa. Yo creo en lo que creo y eso pertenece a una esfera muy personal que comparto como y cuando deseo. Si yo no te intento llevar a mi huerto, por favor no me intentes llevar al tuyo. Yo voy a respetar tus creencias, tu estilo de vida, tus elecciones alimenticias, tus preferencias amorosas, pero por favor no me vengas a imponer las bondades de tu estilo de vida, es TU estilo, no el mío.
Y por último (de momento), gestiono fatal el desconcierto. El desconcierto que me generan determinados comportamientos de personas, que marcan una trayectoria, sobre los que se podría trazar una gráfica, y que de repente, hacen un trasquilón injustificado o abandonan los ejes, sin más, sin mediar justificación alguna. Siempre me dejan pensando donde empezó el cambio, que hice o dejé de hacer con anterioridad para generar esa perturbación que cambió todo, cuanto había de verdad o de mentira en todo lo anterior, todo ese desconcierto . . .
Me siento como si hubiera invitado a mi casa a alguien a tomar el aperitivo y hubiera preparado vino blanco fresco, vino tinto del tiempo, cervezas nacionales y de importación, agua con y sin gas, vermut, patatas, aceitunas, mejillones en escabeche, queso manchego, etc. en un alarde de complacer y agradar y cuando ese alguien llegara a mi casa y le preguntara cortésmente:
-¿Qué te apetece tomar?
Me contestara:









