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jueves, 26 de julio de 2018

Me estoy haciendo mayor


Aunque no sé si lo suficiente


Estoy comiendo en uno de los restaurantes de la Malvarrosa y con el riquísimo arroz a banda, la maravillosa brisa (es casi viento), mi segundo tinto de verano y la promesa de otros baños, otros ratos de sol en la arena, el café que me traerán un día de estos, en fin todo debería ser perfecto, pero . . .


Pero no debería saber que el niño chillón de la mesa de al lado se llama Álvaro (hasta que le borren el nombre), que Valeria está haciendo guarrerías con la comida en la mesa de enfrente. Qué podemos jugar al pilla-pilla alrededor de mi mesa y ¡No pasa nada!

Yo también he sido niña, y también he sido madre de unos hijos a los que no se ha consentido molestar indiscriminadamente a los demás. ¡Cuántas comidas he hecho yo en nuestro apartamento alquilado de la playa porque el padre de las criaturas llevaba fatal reprender a los niños en restaurantes . . .

En fin, podéis llamarme intolerante, pero tengo poca paciencia para aguantar a los críos maleducados de los demás.

En realidad tengo poca tolerancia con la mala educación de críos, de adultos chillones, de mirones descarados en la playa, de chonis poligoneras, de españoles y de extranjeros, de los que nos imponen su música y de los que hablan como si al mundo en pleno le interesara lo que tienen que contar.


Pues eso, que me estoy haciendo mayor, pero no lo suficiente, a lo mejor luego me hacen abuela y me vuelvo tan permisiva y maleducada como tantas, o no . . .

martes, 5 de julio de 2016

MUJERES sin foto

MUJERES 


Os contaba el otro día sobre mi Proyecto MUJERES, ese día hablábamos de mujeres a las que fotografiar, hoy os hablo de otras, aquellas con las que me cruzo pero por alguna causa no pueden ser objeto de mi cámara pero si de mis dedos . . .

Son un montón de mujeres anónimas con las que me he relacionado en los últimos días, en una campaña de trabajo muy diferente a mi trabajo habitual. En esta ocasión se trata de atender muchas personas diferentes para una labor de escasa duración por lo que con la mayor parte de las personas hablas menos de 1 minuto, sólo cuando la afluencia te lo permite puedes dedicar algo más, o en algunos casos concretos, por revestir alguna dificultad añadida. Así he hablado “un ratito” con invidentes, escayoladas, madres recientes, octogenarias, o simplemente gente muy despistada a la que le cuesta esto mucho…


Muchas de ellas vienen solas: viudas, solteras, o directamente mujeres al cargo de familias, que vienen en representación de sus hijos, maridos, yernos, o de quien haga falta. Otras vienen acompañadas por sus hijos, y otras a acompañarles a ellos, y muchas vienen con sus maridos, y ahí es donde me he tropezado con un escalón complicado de salvar en ocasiones, me cuesta mucho callarme cuando veo como tratan algunos maridos a sus mujeres. 

Esos maridos de 70 o más años que se acercan al mostrador con arrogancia, ellas se quedan medio paso por detrás pero dentro de mi ángulo de visión, lo que nos permite intercambiar miradas cómplices, cuando les aviso que llegando con 2 horas de antelación les tocará esperar 2 horas, y ellas me sonríen y me dicen con la mirada “¿Y crees que no se lo he dicho?”. O tienen su DNI preparado porque saben que la cita está a nombre de ellas, aunque sean ellos los que se empeñen en decir primero su propio nombre, el del "hombre", y arruguen el morro cuando comprueban que es ella la que figura en nuestra lista. ¿Y si hablamos de tecnología? “Enséñale a esta señorita el mensaje del móvil”, porque son ellas las que controlan los SMS, las fotos de los nietos, y el Skype para hablar con sus hijos que viven fuera . . .

Hay un buen puñado de mujeres de más de 70 años que tiran de su carro, del de su marido, del de su casa, de las citas médicas, de las tecnologías, de hijos y hasta de nietos que se traen con ellas a nuestras citas, y no son pocas las que tienen que aguantar que sus maridos las traten con poco respeto, que las manden callar sin ningún pudor, o que las digan en voz alta ¡Tú que sabrás!. Hay todavía mucho machismo arraigado en esta sociedad en la que nos toca vivir, y lo peor es que lo tenemos tan asumido que nos pasa desapercibido en gran parte de las ocasiones, y por eso escribo y por eso hago fotos, y por eso, en ocasiones, a pesar de que no deba, no puedo callarme y salto como un resorte, para acallar esas actitudes diciéndoles, alto y claro, está usted equivocado, lo correcto es lo que está diciendo su mujer, y ¡que a gusto me quedo!

Ahora cuando acabéis de leer, echad un vistazo a vuestro alrededor, físico o virtual y decidme que no conocéis a nadie así . . . Cuando consigamos responder "NO, no conozco a nadie", estaremos curados de ese machismo tan arraigado en nuestras vidas.

Ahhhh y mi foto favorita es esa que no tengo, porque en el trabajo no le puedo pedir a una SEÑORA que me deje hacerle una foto. Pero es ella, una mujer de 80 años, muy bien arregladita, sin excesos, de las que no les importa confesar su edad, porque se sienten seguras de quienes son. Vino sola, y afortunadamente en un momento en el que no tenía nadie detrás por lo que pudimos disfrutar de unos minutos de conversación en los que me contó que el fin de semana anterior estando con sus hijos, se presentó la ocasión de caminar un rato, y como ella no llevaba sus zapatillas deportivas con algo de cuña, se calzó unas que le prestó su nuera, que tiene el mismo número, e improvisó sus cuñas poniendo papel de periódico en los talones y así se hizo sus 7 kilómetros como la campeona que es.

Gracias, mujeres como tú, sois las que me inspiráis cada día para seguir luchando por aquello en lo que creo.


MUJERES
No sé de donde me saqué esta foto pero siempre me inspira. Gracias a su autor/a

miércoles, 21 de agosto de 2013

Yo me decepciono, tú te decepcionas, nosotros nos decepcionamos


Lo confieso, combato mal la decepción. 

Me diréis que como todo el mundo, pero no es cierto. A todo el mundo le afecta, pero no a todos de la misma manera. Ésto es, como el "umbral del dolor" cada persona lo vive de una manera diferente, y yo reconozco que lo llevo muy mal. 

Probablemente, sea por mi manera de ser. Tiendo a ilusionarme con las cosas, con las personas,  con los proyectos y me aplico a cada cosa que emprendo (o reemprendo) con entusiasmo. Ya,  ya sé que no todo el mundo tiene que ser como yo, no lo pretendo. Pero eso hace que para mi sea un poquito más doloroso que para el resto. 

Siempre procuro escribir en el blog con una actitud positiva y llena de buenas intenciones, pero un año y un día después, de explicar el porqué del título me ha parecido pertinente hacer uso de ello y contaros a tod@s las cosas que me molestan y que me hacen daño, para que si os sentís reflejados en alguna de ellas, sepáis que ME DUELE, luego podéis seguir, como siempre, haciendo lo que queráis, pero no quiero que me digáis:
 "¿Te molestó? Pues habérmelo dicho, mujer"

Voy a parafrasear a Sabina con una canción que me resulta muy agradable, y conste que yo sí soporto el rap: 



No sopor, no sopor, no soporto: 

En general no soporto la falta de seriedad y de compromiso. Cuando un@ se compromete a algo, sea llamar, contestar, visitar o lo que sea, si luego no lo hace, alguien al otro lado, se ha quedado esperando pacientemente, su llamada, respuesta o visita, que no se ha producido . . . Si así ha sido, lo próximo que debería salir de la boca del incumplidor/a (sea el día que sea), debería ser una disculpa.

No soporto que alguien me diga "de todas maneras, luego hablamos" y que luego no hablemos.

No soporto que alguien me escriba: "ahora tengo que salir, pero te llamo uno de estos días y nos organizamos" y que se acabe ese mes, y otro y casi el siguiente . . .

No soporto que alguien cargue sobre mí, culpas que no tengo, porque piensen que yo debería haber hecho algo que no hice, y que nadie me pidió, cuando ell@s fueron los que metieron la pata. Y encima se pongan dign@s . . .  

No soporto preocuparme por alguien, que presumo que no lo está pasando bien, y que (aún leyendo mis mensajes) no se digne a contestar.

No soporto que después de aguantar carros y carretas me acusen de no involucrarme lo suficiente.

No soporto a la gente lastimera, que no hace nada por mejorar su situación.

No soporto la hipocresía, ni los besos falsos, ni el "cuanto me alegro de verte" si no te sale del fondo del alma, ahórratelo . . . 

No soporto los abrazos por compromiso, si no lo deseas, no lo hagas, nadie te lo ha pedido . . .

No soporto cuando alguien se despide diciéndote, "bueno a ver si quedamos un día de estos y tomamos algo", una vez que les has solucionado "la papeleta" que les trajo a ti, cuando ambos sabéis que no volveréis a veros hasta la próxima campaña.

No soporto la deslealtad, así, sin más.

No soporto la gente indiscreta, ni a los que hablan para la platea, como si el resto del mundo no pudiéramos sobrevivir sin sus palabras, ni a los que gritan en los sitios públicos. 

Como le recordé a alguien no hace mucho: "Yo no pido casi nada, casi nunca, pero exijo respeto y si alguien dice que va a hacer algo, espero que lo haga." Y si uno mismo no respeta su propia palabra ¿cómo le va a pedir al resto del mundo que lo haga?

No quiero parecer más intransigente de lo que en realidad soy, pero es que en las últimas semanas voy a decepción por semana, y ya me rebosa, por lo que he decidido vaciar el recipiente y empezar de nuevo. Como hablaba con mi amiga Patricia hace un rato, (gracias Patricia, por ser, y por estar), de vez en cuando hay que hacer sitio en el almacén,  soltando lastre, no quedándoselo dentro, porque ocupa un espacio precioso, que puedes rellenar de cosas hermosas, de sentimientos nobles, de relaciones satisfactorias, de sensaciones agradables, de recuerdos gratos, . . . No merece la pena ocupar espacio alguno con malos rollos, así que vayan fuera, y a empezar otra cuenta y otro año. 


(A ver si en agosto de 2014, no necesito hacer limpieza anual).