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sábado, 13 de abril de 2019

Brunette 4 de . . .

Sin gafas, por favor: de besos y otros placeres 


Hace unos días tuve una conversación de esas muy intensas e íntimas con mi amiga Marian, sobre el mar, los placeres y las gafas, y le dije:


- ¿Por qué no escribes eso en el blog? 

- Me da pudor
- ¿Estás boba?
- Puede . . .
- Déjame que lo escriba yo
- Vale, pero no te pases
- Bueeeeeno, lo intentaré.

En fin que lo he escrito para que lo publique el día 13 de abril, Día Internacional del Beso, una ocasión estupenda para hablar de placeres, y de cosas que se hacen sin gafas. 


Últimamente he reflexionado mucho con las gafas en la mano, mis gafas son una extensión de mi, y me permiten disfrutar de muchas cosas que me encantan: leer, escribir, cocinar, observar aves, hacer fotos, en fin, muchas de las cosas agradables que hago en mi vida, exigen de su colaboración, pero no todas.

Paseando por la playa, descalza, con poca ropa, sintiendo el sol en mi piel, el viento en la cara, y en mi pelo, el sonido del mar en mis oídos y esas olas desvergonzadas que no siempre se conforman con mojarte los pies y suben descaradas por tus piernas, a saber con qué libidinosas intenciones. 

En fin, en ese momento, con las gafas en la mano, me doy cuenta de que cada día tengo más asociado el gesto de quitarme las gafas con el placer, placeres privados, a veces sola y a veces acompañada pero siempre con personas muy escogidas. 

Me quito las gafas para ducharme, me las quito para dormir, para tomar el sol, para bañarme en el mar, o en la piscina, para que me laven la cabeza en la peluquería. Para, sentada en un banco, dejar que el sol primaveral penetre mis párpados cerrados, siempre con la barbilla levantada, para escuchar música en ocasiones, en fin, todo muy placentero . . . 


Y por supuesto, siempre reposan en un mueble auxiliar,  junto con mis pendientes y mi colgante,  en esas ocasiones en que al sol o a la sombra, con o sin música, con o sin agua, con los ojos abiertos o momentáneamente cerrados, mis sentidos al completo y yo, nos dedicamos a disfrutar, sin más . . . y todo ello, siempre empieza por un buen beso.
BeSOS, 
Brunette

(Las fotos de MarianDiazRAM, como siempre)


jueves, 27 de junio de 2013

Lo inesperado - O inesperado - Capítulo 2

¡¡¡¡Quieto ahí, lector curioso!!!! ¿Has leído el Capítulo 1?, Si la respuesta es no, (o si te apetece refrescar) deberías de pinchar este link antes de seguir:


Lo inesperado - O inesperado -  Capítulo 2

Cuando abrió los ojos no conseguía recordar que hacía tirada en el suelo. Una sensación extraña la atenazaba, algo le decía que tenía que girar la cabeza, lo hizo lentamente , y allí estaba el paquete.

Girando sobre sí misma fue incorporándose hasta quedar de rodillas enfrentada a él. Respiró profundamente, cerrando los ojos, haciendo acopio de todas sus energías y empezó a rasgar el papel, primero con lentitud, después con creciente nerviosismo.

--¡No puede ser!– exclamó, mientras extraía una caja de lata, idéntica a la suya, del interior del envoltorio. --¡Es todo tan extraño!-- Cerró los ojos, de nuevo, mientras tomaba otra bocanada de aire, y reunía la serenidad suficiente para destaparla…

Una nota manuscrita con tinta verde y aquella letra abigarrada, rezaba “Ven mañana a las 10:00”. La acompañaban una tarjeta del “Hotel Victoria Amazónica” y una llave sujeta a una placa con el número “317”. No podía creérselo, fue un 31 de julio de 7 años atrás . . . -¡No, no puede ser!– susurró.


Necesitaba serenarse, todo aquello la estaba superando. Volvió a dejar los objetos dentro de la caja y puso ésta encima de la mesa. El agua caliente siempre la calmaba, necesitaba serenarse, necesitaba pensar, así que se dirigió al cuarto de baño y se metió bajo la ducha, cambió a “modo cascada”, y un potente chorro descargó sobre sus doloridas cervicales . . .

Todo aquello no podía estar pasando, debía tratarse de una broma de mal gusto, pero ¿quién estaba jugando con ella? Nadie sabía lo que significaba el Hotel Victoria Amazónica, nadie conocía la importancia de la fecha, nadie podría haber escogido la habitación 317. Sólo ella conocía todo el simbolismo que contenían la caja y  sus objetos. Bueno sólo ella . . . y por supuesto: Él . . .

Ya en la cocina, se obligó a comer algo. Por mucho que los nervios se empeñasen en ocupar todo el espacio disponible de su estómago, y el nudo de la garganta tampoco ayudase, tenía que comer algo, habían pasado demasiadas horas desde el almuerzo. -Unos cereales con leche serán suficiente- se dijo a si misma, mientras se preparaba un tazón . . .

De pie, apoyada en la encimera, mientras disfrutaba de las virutas de chocolate crujientes, tomó una decisión: -Iré, veré que todo es una broma, y volveré a casa después de tomar un maravilloso desayuno frente al mar, total ¿Qué puedo perder? ¿Algunas aburridas horas de trabajo? Salir me vendrá bien, el sol, el mar, la brisa, el olor a sal, siempre me cargan las pilas, y está claro que necesito recargarme. Iré-.

(continuará...)


Quando abriu os olhos não conseguia lembrar que estava fazendo deitada no chão. De repente, virou a cabeça e ali estava o pacote. Foi levantando-se até ficar de joelhos perto de-ele, tomou ar, e começou a rasgar o papel, primeiro lentamente, depois agitada. Era sua latinha, abriu-a quase sem fôlego.

Um bilhete escrito com tinta verde, e aquela letra tão esquisita: -"Venha amanhã às 10:00 horas"-, um cartão do Hotel "Victoria Amazónica" e una chave com o número "317" no seu chaveiro . . . Não podia acreditar, foi num 31 de julho , há 7 anos atrás. -Não, não pode ser"- sussurrou. Voltou a deixar os objetos na caixa e pôs esta em cima da mesa e foi colocar-se embaixo do chuveiro . . . 

Enquanto a água arrastava o cansaço do día pensava, e pensava; - Não, não pode ser"- Saiu e foi para a cozinha, tinha que comer alguma coisa, mas seus nervos ocupavam todo o espaço disponível em seu estômago, além do nó que tinha na garganta. Obrigou-se a comer alguns cereais com leite e foi-se à cama.

Lá, deitada, pensou e pensou -não devería ir lá, é impossível, mas e se . . ." Ninguém podia saber o que para ela significava o Hotel "Victoria Amazónica", ninguém podía conhecer o quão especial era a data, para ninguém teria sentido o quarto 317, só ela sabia, sé ela e,  claro, ele . . .

Tomou uma decisão: "Irei, verei que tudo é uma brincadeira e tomarei um estupendo café da manhã em frente ao mar antes de voltar para casa. Que posso perder? Só algumas entediantes horas de trabalho, e sair um tempinho me fará bem".

(. . . continuara . . . )