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sábado, 20 de julio de 2013

Simple, sencillo, fácil . . .

La simplicidad de un gesto.


El otro día (ese espacio de tiempo que media entre ayer y hace cinco años) estaba viendo una peli en la TV, sin muchas pretensiones, de esas de pasar la tarde y poco más, pero hasta de las cosas más insospechadas puede uno sacar conclusiones. 

Había una niña hablando con una mujer adulta y le preguntaba que porqué no llamaba a alguien con quien debería hablar, la mujer le responde: -"No es fácil". Y la niña, con esa claridad que a veces deslumbra, contesta: -Sí lo es, descuelgas con una mano, y marcas con la otra".

Pues eso, que con lo claro que lo tenemos cuando somos pequeños, y lo que nos complicamos la vida cuando nos hacemos mayores, la de vueltas que le damos a todo, la de excusas que buscamos, la de tiempo que dejamos escapar entre nuestros dedos, para no hacer aquello que sabemos deberíamos hacer . . .

Por eso es tan sumamente gratificante, cuando "cogemos el toro por los cuernos" y obramos en consecuencia, y le decimos a los demás lo que queremos, lo que nos apetece, lo que necesitamos, lo que nos gusta, . . . Y lo que nos importan, lo que nos aportan, lo que significan en nuestra vida, y además engancha, una vez que dejas de lado, timideces, miramientos, y otras limitaciones, te sientes mucho más libre, y disfrutas mucho más de la vida que te rodea. 

Ayer lo hablaba, una vez más, evidentemente, no todas las cosas que hago al cabo del día me apetece hacerlas, ni mucho, menos. Pero hace ya varios meses, que TODOS los días, hago ALGUNA cosa que me apetece, sólo porque me apetece, sea hablar por teléfono con una amiga,  escribir un e-mail pendiente, dedicarle un tiempo a mis fotos, a los pájaros, al blog, a las personas que quiero, o disfrutar del libro que me esté leyendo en cada momento, o pasear, o pensar en mi siguiente proyecto . . . Y como no siempre ha sido así, lo valoro mucho, y digo de mi misma, que

 SOY UNA PRIVILEGIADA

lunes, 20 de agosto de 2012

El título


No me digas nunca: “habérmelo dicho”


Dar título al blog la ha hecho merecedora de un lugar preferente en las publicaciones.


Dicen por ahí, (parece ser que pudo ser Aristóteles) que “el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”

Dueña de mis silencios soy, pero también soy dueña de mis palabras e incluso de mis puntos suspensivos, escritos u orales, y muchas veces, tienen mucho más sentido e intención que si la frase fuera completada.

Hace mucho tiempo, decidí, que por mi no iba a quedar, que explicaría claramente las cosas que me afectan, porque aquellos que las hacen o dicen, para bien o para mal,  deben conocer el alcance de sus acciones y de sus palabras y el efecto que en mi causan, para luego decidir si persisten o no,  a sabiendas de lo que están haciendo...,  pero yo no voy a proporcionar más excusas ni favorecer coartadas y que me puedan decir:

    "¿Ahhhh, no te gusta __________? 
 ... Pues habérmelo dicho.....”