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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Descripciones redundantes - Literatura II


"Era un adolescente egoísta, una descripción redundante dónde las haya"


Hoy, nuevamente, recurro a palabras ajenas. En éste caso son de Harlan Coben, y pertenecen a su obra "Última oportunidad".

Hace mucho que leí éste libro. Me lo prestó mi amiga Teresa Barrio. En esa época, trabajábamos juntas y compartíamos libros, además de un millón de cosas más, que sigo añorando cada día, desde que nuestros destinos laborales separaron nuestros puestos de trabajo, porque nosotras seguimos juntas . . . aunque de otra manera . . .

Por ese entonces, mis hijos eran adolescentes, y me impresionó tanto la frase, que conservo una fotocopia de la página en el cajón de mi mesa. No sé puede decir más con menos palabras . . .

El narrador del libro se refiere a sí mismo, cuando utiliza ésta frase, y lo hace, como yo, mirando atrás desde su edad adulta. Por eso podemos hablar de ello, porque todos los adultos hemos sido previamente adolescentes, y sabemos que eso era así, y porque a lo largo de nuestra vida, hemos tropezado con otros adolescentes, que nos han hecho sentir que eso es así. Y en el futuro toparemos con otros que nos harán sentir que eso será así siempre . . . 

Yo, como tantos otros/as, he salido de la adolescencia hace  bastante tiempo. Y nuestro egoísmo, se ha ido erosionando en el transcurso de nuestra vida: los amigos, las parejas, los hijos, la familia, el trabajo, las obligaciones, las responsabilidades, consiguen que en nuestra lista de prioridades se cuelen muchas cosas antes del "YO", que acaba relegado al final de la página.


Obviamente, no es una erosión lineal. Ni todos estamos hechos del mismo material, ni hemos estado sometidos a los mismos elementos, de manera que, es posible encontrar adolescentes egoístas de 30 años, de 40, de 50 e incluso de más . . .


viernes, 24 de agosto de 2012

Ni egoístas, ni cutres, ni vagos


“Ni egoístas, ni cutres, ni vagos”.-



La vida no está hecha para vivirla en soledad, el egoísmo nos priva del afecto y la compañía de los demás que tanto bien nos hace,  a la larga o a la corta.



Vivir con “estrechez de miras” (que no de perras), nos impide disfrutar de cada pequeña cosa en la que podemos deleitarnos, una comida presentable, aunque sea para nosotros solos, nada de comer en los envases, por no manchar un plato, esmerarse en que las cosas sean lo más bellas posibles, sin olvidar que han de ser prácticas, nos desarrolla el gusto por lo hermoso,


¿Vagos? La pereza es algo contra lo que luchar, si somos vagos inexorablemente terminaremos por ser cutres y egoistas,