¿Dónde está el punto de inflexión?
Llevo mucho tiempo con esta entrada entre manos, y un comentario de mi amiga Olga, (que está pasando unos días delicados), me ha hecho desempolvarlo y decidirme a trabajar en ello. Ella, se acusaba a si misma, con orgullo, de ser cabezota, cansina y tozuda, sintiéndose por ello treméndamente orgullosa, ya que ese tesón, es el que la está ayudando a sacar adelante una situación delicada.
Y ahí, precisamente, arrancan mis reflexiones.
Hay muchas cosas en este mundo, que son maravillosas virtudes, en su justa medida, pero que tanto el exceso como el defecto, las convierten en tremendos defectos
¿Cuándo deja uno de ser perseverante, constante, tenaz y se convierte en cabezota?
¿Dónde dejas de ser realista y te conviertes en pesimista?
¿Dónde deja uno de ser una persona curiosa, con afán de saber y se convierte en cotilla?
¿Dónde dejas de ser reflexivo, juicioso, cauto, y te conviertes en alguien inoperante, ineficaz, inactivo a base de quedarte pensando sin actuar?
¿Dónde dejas de ser prudente y te conviertes en cobarde?
¿Dónde dejas de ser perspicaz y te conviertes en suspicaz?
¿Dónde dejas de ser gracioso y empiezas a parecer un patán?
¿Dónde dejas de ser sorprendente y empiezas a ser desconcertante?
¿Dónde dejas de ser fresco (como los limones salvajes del Caribe) y te conviertes en descarado o caradura?
¿Dónde a fuerza de ser sincero empiezas a ser maleducado o grosero, incluso?
¿Dónde dejas de ser irónico y te conviertes en mordaz?
¿Dónde dejas de ser sensible y te conviertes en un ñoño/a?
¿Dónde dejas de ser una persona de principios y empiezas a ser una persona intolerante?
¿Dónde dejas de ser servicial, atento y te conviertes en servil?
¿Dónde dejas de ser "poco desprendido" y pasas a ser un tacaño?
¿Cómo darte cuenta cuando alguien pasa de intentar convencerte a intentar manipularte?
¿Hasta dónde agitas conciencias y dónde empiezas a crear perturbaciones?
Yo espero haber agitado las vuestras, pero no perturbar vuestro descanso, ni convertirme en elemento desestabilizador aunque no me importaría haberos inquietado, al menos, un poco . . .


